Cuando se derrotó la dictadura, que durante 17 años el ex general Augusto Pinochet Ugarte, en el año 1988, con el triunfo de la campaña del NO, la Concertación por los partidos democráticos y los nacientes personajes (ahora actores anquilosados en el poder) que volvieron del exilio para reconstruir la patria, dijeron a coro “Chile, la alegría ya viene”, que fue la consigna con el nuevo Gobierno que se deseaba instaurar.
Ya pasados 20 años de ese hito histórico, y muy importante para la democracia del país, muchos se preguntan si la alegría algún día llegó a esta nación. No es difícil percibir en diversos sectores sociales, políticos, empresariales, gremiales, académicos y todos quienes conforman el Estado, el inmenso inconformismo que existe en la actualidad, frente a hechos irreversibles de corrupción, sobresueldos, coimas, finiquitos millonarios a funcionarios públicos y una larga lista indesmentible de situaciones que han afectado a los cuatro gobiernos de concertación ya vividos.
Por una parte, la derecha de Chile, dice que hay que darles una oportunidad de gobierno, que ellos traen el cambio tan anhelado por los patriotas, que son ellos quienes gobernarán para el pueblo y son quienes blanquearán todas las malas acciones de los gobiernos concertacionistas. Es entendible, en la medida que ellos desean tomar el mando de la Moneda, inclusive negando su pasado en el gobierno militar y renegando de sus raíces fascistas.
No empero, en todas las familias se cuecen habas, como reza el dicho popular. Esto se traduce en el propio quiebre de los partidos de concertación, donde ya no se entiende quién es quién en la escala política. Unos renuncian a sus partidos políticos por encontrarlos inconsecuentes, los llamados “díscolos”, y otros simplemente se cruzan a la vereda de enfrente apoyando a los candidatos de derecha, como Fernando Flores, quien fuera ministro del ex Presidente Socialista Salvador Allende.
Quien encarna este juego sucio de la política –como dirían algunos- es la figura de Marco Enríquez-Ominami, diputado díscolo de la Concertación, quien lleva a cuesta una historia revolucionaria, de exilio político y convicciones socialistas, de esas que profesaba Carlos Marx y no del “socialismo renovado” y hasta burgués que se vive hoy.
Es él quien figura remeciendo todos los sectores políticos al querer asegurar un puesto en la carrera presidencial, no sin antes reunir 36 mil firmas para inscribir su candidatura oficialmente en el Tribunal de Elecciones. Es la presencia de este joven actor que tiene de cabeza a la concertación -y a la derecha- sobre todo al candidato oficialista Eduardo Frei, quien desea repetir la nueva opción de ser presidente de la república.
Lo acusan de traidor a Marco. De no tener experiencia, de que es muy joven. Son las típicas descalificaciones (suaves por ahora, ya veremos cuando oficialice su candidatura, como cambiará el calibre de los adjetivos calificativos).
Enriquez-Ominami representa el descontento actual con la mediación política de los gobiernos “del pueblo”. Cientos de personas se ven reflejados con él y en él, al apoyarlo entregando firmas de aliento, en él se refleja inadmisiblemente el quiebre interno de los partidos del arcoiris y es quien ha saltado a la palestra al decir no más de lo mismo.
El desgaste interno se nota, se está escapando de las manos de los integrantes de éstos partidos y se está desmoronando los cimientos que alguna vez hicieron que este país cambiara del gris al color.
Algunos apuestan a que un gobierno de derecha cambiará las condiciones actuales y otros confían en que Marco entregue nuevos bríos a una concertación cada vez más alicaída e inestable.
El gobierno actual presta todo su apoyo al candidato oficialista, y por ende, le resta todo respaldo a la candidatura de Sebastián Piñera. Sin embargo, no saben como frenar la irrupción del diputado díscolo que quiere cambiar la realidad política del país, sumando cada vez más jóvenes interesados en él (suma que ya se quisieran los candidatos oficiales, que aunque integren jóvenes a sus filas, todos sabemos que están demasiados desgastados en su accionar y sus discursos).
Además, las encuestas realizadas por diversos actores, entregan resultados cada vez más favorables para Marco, y es seguro que tiene de cabeza al segundo piso de la Moneda, elaborando estrategias distractivas y dirigidas como un misil para sacarlo de carrera y asegurarse cuatro años más de gobierno, pues siguen absorbiendo y continuarán haciéndolo en un eventual quinto período.
Como dirían los políticos de concertación a Marco: “no muerdas la mano que te da de comer”, y como respondería el diputado díscolo: “seamos realistas exijamos lo imposible”. Pues esos son los nuevos aires que llegarán, según quienes apoyan a Enríquez-Ominami, con sus propuestas y un gobierno renovado.
El corolario del desgaste de la concertación se producirá mañana, cuando Marco renuncie formalmente al Partido Socialista ante el Servicio Electoral. Tiene plazo hasta el 12 de julio para inscribir su candidatura a la Moneda como independiente, sin embargo, las palabras de Camilo Escalona (calificado por algunos como el terror de ese partido y el responsable de los quiebres internos) precipitaron la decisión de EO, quien aprovechará de leer una carta con críticas a las cúpulas de la Concertación.
Un capítulo más dentro de la teleserie criolla política cada vez más desintegrada.
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