“Más preparado que un cumpleaños” es lo que dirían algunos al percatarse de la repentina fiebre por inaugurar todo tipo de recintos, calles, puentes, estaciones de metro, plazas públicas, etc, todo lo que sea inaugurable antes de finalizar períodos presidenciales, con el objeto inscribir su nombre en los anales en la historia de su gobierno, con el fin de que las futuras generaciones realcen los hechos más relevantes de los insignes presidentes del país.
En cada finalización de los gobiernos de concertación -se repite una constante- cortar cintas como enajenados para dejarles un “piso” a la siguiente administración. Una medida estratégica para incrementar los bonos de su período y hacer sentir en la población la idea de que se ha hecho mucho por la nación.
En la administración Lagos Escobar, se vio el ex presidente inaugurar el centro cultural Palacio de la Moneda, las extensiones del metro (línea 4), el vilipendiado transantiago, y varios acontecimientos para marcar un hito, para elevar el porcentaje de aprobación de la ciudadanía, para crear la percepción de que sus gobiernos concluyen con la mayor inversión en estructura vial y un todo cuanto hay para retirarse felices a sus aposentos, frotarse las manos y decir “lo hicimos bien”, aunque a esto preceden catástrofes de de diversa índole.
Tal es el caso –en la actual administración- la mega remodelación del insigne Estadio Nacional, una inversión de más de 35 millones de dólares, que no escatimará en recursos para cubrirlo con un techo en toda su dimensión, instalar asientos individuales, eliminar la reja que separa la galerías y tribunas de la cancha, además de iluminarlo (esto último contempla más de 24 millones de dólares).
Con esta renovación el recinto quedará “como uno de los mejores estadios de Sudámerica”, según expresas palabras de la Presidenta Bachelet.
Sin embargo, las explosivas intenciones de realizar estos hechos, dejan de manifiesto la mediocridad de los que gobiernan la nación, es como si despidiéramos al mejor amigo que se va de viaje y lo invitamos al hogar, pero solamente limpiamos los muebles que están a la vista y escondemos la basurita debajo de la alfombra.
¿Por qué no se escucha a la presidenta anunciar inversiones potentes y estructurales en materia de educación, salud o vivienda? Heredamos una y otra vez, problemáticas de fondo de cada gobierno y, a pesar de llevar 4 gobiernos de concertación, aún persisten problemas de base como los son los ítems mencionados.
Acaso la presidenta y sus asesores asociados no llegan a entender que invertir el dinero en los pilares de la dignidad de las personas es fundamental. Y cada año escuchamos de las crisis en la educación, en la salud (cada invierno), en las infraestructuras hospitalarias, en las viviendas sociales –que cada vez son menos habitables- .
Es inconcebible que aún se estén dando explicaciones por la ineficiente aplicación de la modificación del sistema público de transporte –transantiago- que en su época inauguró con tanto revuelo mediático el ex presidente Lagos. No se puede introducir la mano en las arcas fiscales (una y otra vez) para arreglar una metida de pata de madre que tuvo la anterior administración.
¿Han pensado las autoridades cómo se va a mantener el Estadio Nacional? Toda la magia no está en el anuncio de su remodelación, como tampoco en la inauguración –con la consecuente revolución mediática que habrá- sino en el día después de este hecho-. Se requiere una mirada a mediano plazo para percatarse de lo que ello significa. Luego se dirá que no hay dinero para mantenerlo, para cambiar las ampolletitas del nuevo sistema de iluminación, etc.
Los chilenos no tenemos memoria, es lo que se aprecia a primera instancia, o no pensamos al respecto la jugada estratégica de los gobiernos. No nos dejan pensar con tanto programa farandulero o de realityes, nos manipulan, nos hacen pensar cómo ellos opinan y –como se diría coloquialmente- nos meten el dedo en la boca.
El país queda con la impresión de que todo está bien hecho, sin embargo, no se dimensiona lo que realmente significa. Inaugurar un estadio no cambia la realidad de las personas comunes y corrientes ante los problemas cotidianos que nos agobian, asimismo, quienes no asisten al estadio por la violencia existente en los encuentros deportivos no podrán disfrutarlo. Surge otra inquietud: ¿se facilitará el recinto para eventos masivos? Ya que últimamente la problemática consistió en que Chile no tiene espacio para recitales, ni conciertos. En definitiva, un país que no está preparado para disfrutar de lo anterior.
Bueno señores, habemus nuevus estadius nacional.
Tendremos vida para la mega inauguración y para los posteriores inconvenientes que se suscitarán con ello. Como dirían los más optimistas, tendremos nuevo Estadio Nacional sin importar que la educación es cada vez más mediocre, en que cada invierno mueran cientos de niños y ancianos por la mala atención y déficit en la estructura hospitalarias; además de habitar en viviendas indignas para “el quintil más pobre de la población”, frase recurrente y falaz para referirse a los más pobres.
miércoles, 8 de julio de 2009
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